Carlos A. Camacho
De acuerdo con la trascendencia que el tema de la ciudadanía y la comunicación va cobrando en América Latina y la re-definición del rol de los medios masivos de comunicación en contextos democráticos, este artículo aborda el rol mediador de éstos en función de su constitución y potenciamiento como espacios públicos gestores de ciudadanía a partir de diversos ámbitos comunicativos complementarios (modelo de comunicación), a saber: el discurso, la oferta informativa noticiosa, la incidencia en la opinión pública y la generación de participación entre los interlocutores.
De una manera real se empieza a percibir, como fundamento para la consolidación de los noveles sistemas democráticos de América Latina, la urgente necesidad de su legalidad y legitimación desde la sociedad civil. No sólo en los ámbitos académicos, sino cada vez más con mayor ímpetu entre las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, el tema de la ciudadanía va cobrando especial importancia por una serie de razones que provienen fundamentalmente de tres vertientes:
a) Política-ideológica
∑ La falta de reconocimiento y menosprecio, desde el tiempo de la Colonia, de la cultura política de los sectores populares debido a razones políticas e ideológicas que impiden concebir al ‘otro’, en sus múltiples diferencias æespecialmente interculturalesæ, como igual (conciudadano). Esto se manifiesta en desigualdad e injusticia social producto de una profunda negación cultural y de una serie de sentimientos y acciones arraigados de discriminación e intolerancia.
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∑ Paralelamente, se observan marcados procesos de auto negación, donde el ‘otro’ se siente y percibe como inferior (ciudadano de segunda o tercera clase) y desestima su propia identidad.
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b) Histórica
∑ Una modernidad aún inconclusa en la que conviven multiplicidad de sentidos de vida o pluralidad de culturas, en cuyo seno se entrecruzan diferentes lógicas de desarrollo que no logran ser resignificadas y apropiadas por la gente debido a las concepciones lejanas y alejadas desde las que fueron pensadas y transplantadas.
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∑ Una larga etapa histórica de gobiernos de facto (militares) en diferentes países latinoamericanos en la década de los años ’70 que avasalló las posibilidades reales del ejercicio constitucional de derechos, especialmente los relacionados con la libertad de expresión y opinión, y anuló las garantías constitucionales de los ciudadanos. Todo ello, sumado a violaciones a los derechos humanos por medio del uso de aparatos de represión y muerte, desgastó el sistema democrático y perfiló un clima de injusticia en el que æahora en menor medida, pero con clara evidenciaæ viven las mayorías alejadas o aisladas del poder económico y político. Estas jóvenes democracias tienen aún mucho camino por recorrer para recobrar la esperanza perdida y el sueño anhelado.
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c) Económica
∑ Los altos índices de pobreza llevan a que la gente æespecialmente de los sectores popularesæ se preocupe de satisfacer, en primera instancia, sus necesidades básicas más elementales antes que participar y decidir públicamente. Empero, muchas veces, ésta es razón sustancial para el ‘levantamiento’ de movimientos sociales agrupados en torno a la identidad, el género, el consumo, etc. Por su parte, al tener estas necesidades resueltas, los sectores más acomodados se repliegan, cada vez más, en ámbitos privados (individuales, grupales o familiares) que los alejan de la construcción de comunidad.
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∑ El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sostiene que la pobreza (condición pre-ciudadana) está vinculada, en su dimensión subjetiva, con la incapacidad de ejercer ciudadanía, que se manifiesta en relaciones sociales excluyentes y desigualdad de oportunidades, impidiendo afirmar los valores y traducir las aspiraciones de todos los sectores de la sociedad en proyectos de vida compartidos.2
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En mayores y menores grados estas tres vertientes, entre otras, muestran a la ciudadanía en Latinoamérica como el resultado de un proceso sociopolítico que pretende æen pleno siglo XXIæ la lucha por la igualación de todos en pos del fortalecimiento de Estados con plenas garantías para dar concreción y vigencia a los derechos humanos en la consolidación de sociedades verdaderamente democráticas, justas y equitativas.
Por ello, la urgente tarea de encarar un trabajo multidisciplinario en la construcción de ciudadanía desde diversos frentes. Este ensayo se aproxima a la labor específica de los medios masivos de comunicación en esta dirección. A continuación, se detallan algunos rasgos que permiten comprender los aspectos que abarca el tema de la ciudadanía antes de que se analicen los procesos masivos para su gestación activa y responsable.
Modelo de comunicación para la construcción de ciudadanía
Ante el debilitamiento y la crisis de las tradicionales instituciones políticas y otras instancias de representación pública que han dejado de cumplir su función mediadora, cada vez más los medios masivos de comunicación se han convertido en un lugar estratégico desde donde se median los discursos de los distintos actores sociales e institucionales de la sociedad. Muchas veces, esto ocasiona pugnas entre partidos políticos y medios por la legitimidad social.
Jesús Martín-Barbero sostiene que lo que está acaeciendo con la política es la ‘reconfiguración de las mediaciones en que se constituyen sus nuevos modos de interpelación de los sujetos y representación de los vínculos que cohesionan la sociedad.’ De ahí que los medios no se limitan a vehicular las representaciones existentes ni tampoco a sustituirlas, sino que han pasado a hacer parte de la trama de los discursos y de la acción política, esto es, a ‘constituir una escena fundamental de la vida pública.’3
Este papel mediador de los medios —entre los ciudadanos y el Estado o las instituciones/organizaciones— provoca, entre otras cosas, el acercamiento, la discusión y la búsqueda mancomunada de soluciones, el surgimiento de movimientos sociales, la definición de identidades culturales, sociales y políticas, la expresión amplia de actores diversos y plurales, institucionales e individuales de la sociedad civil.
Especialmente, los medios de comunicación popular se proclaman como una de las nuevas instancias de representación de las mayorías latinoamericanas (culturas populares). Las acciones comunicacionales y educativas de estos medios están encaminadas en el cambio hacia una sociedad más justa y digna para todos, por medio de la promoción de una cultura democrática asentada en la participación, el diálogo y la tolerancia. Una muestra de este trabajo lo constituyen la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) y la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER).
Sobre la base del análisis riguroso de estas experiencias,3 se plantea una matriz de intervención para aproximarse al rol de los medios masivos de comunicación en la gestación de ciudadanía desde los ámbitos comunicativos complementarios que despliegan en su práctica cotidiana.
La matriz que sintetiza este planteamiento (gráfico 1) se mueve sobre dos ejes: el diacrónico —entre el discurso (lógicas de producción) de las medios y las competencias de recepción de las audiencias (consumo) y el sincrónico o simultáneo: entre la oferta informativa noticiosa y la formación de opinión pública. A su vez, las relaciones entre éstos se hallan mediadas por la participación de los oyentes en la producción, durante y fuera de la emisión de los programas. Estas prácticas cobran sentido cuando constituyen una identidad mediática que pretende, intencionada y planificadamente, la democratización de la comunicación mediante la reivindicación y el pleno ejercicio del derecho fundamental a la comunicación ætanto en la emisión como en la recepción de mensajes.4
Se entiende con la UNESCO que esa democratización comprende una serie de estrategias encaminadas a que el individuo pase a ser un elemento activo (interlocutor) y no un simple objeto de la comunicación aumentando su participación, lo que conducirá al incremento de la variedad de mensajes intercambiados y de representación social en los mismos.5 Al tener voz y representatividad públicas en los medios, las personas adquieren poder (empoderamiento), protagonismo y legitimidad social que facilitan la incorporación de sus temáticas-problemáticas en la agenda pública (lo que es común a todos en la construcción y transformación social), facilitando la toma de decisiones y acciones colectivas sobre las mismas.
Para acrecentar el grado y la calidad de la participación ciudadana en y desde los medios masivos æal estilo de grandes foros democráticosæ, éstos deben brindar una oferta informativa noticiosa de calidad para que los ciudadanos viertan opiniones argumentadas capaces de establecer diálogos y generar debates públicos para llegar a consensos sobre lo que es común a todos (asuntos públicos).6 Pero no basta brindar esa información, sino que también se debe procurar la educación para la recepción, en el sentido de ayudar a las personas a desarrollar sus propias capacidades y habilidades para apropiarse, usar y re-significar la información y, fundamentalmente, impulsar su capacidad crítica y argumentativa para formarse una opinión propia y sustentada y, de este modo, generar corrientes de opinión dominantes y promover acciones transformadoras. Estas corrientes son las que permiten la vigilancia y el control social por parte de receptores que se constituyen en interlocutores.
La UNESCO refuerza lo que se acaba de mencionar7 al advertir que la democratización de la comunicación tiene otras múltiples connotaciones, entre las que destaca las siguientes:
∑ Suministro de medios más numerosos y más variados a un mayor número de personas.
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∑ Acceso mayor del público a los medios de comunicación existentes.
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∑ Intercambio de informaciones en un mayor plano de igualdad y reciprocidad (circulación de doble sentido).
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∑ Información más abundante procedente de una pluralidad de fuentes, que permitan una mayor selección.
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Todos estos aspectos llevarán a los individuos, siguiendo la reflexión de la UNESCO, a una mayor participación en la adopción de decisiones basadas en un conocimiento completo de unos hechos heteróclitos y de unos puntos de vista divergentes.
Gráfico 1
FUENTE: Elaboración del autor.
Conclusiones provisionales
En la mayor parte de los países de Latinoamérica, con escasa madurez democrática, la labor de construcción de ciudadanía æo de ‘ciudadanías’ por su carácter multiétnico y pluriculturalæ es primordial para la consolidación de un régimen de libertad personal y justicia social, fundado en el respeto y el ejercicio pleno de los derechos, libertades y garantías reconocidas por la Carta Magna de cada país y por acuerdos internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y La Convención Americana sobre Derechos Humanos ‘Pacto de San José de Costa Rica’ (1969).
En estos países se hace dificultosa la creación de las condiciones que permitan gozar de este ejercicio pleno porque los individuos aún no han llegado a conocer, comprender, interpretar y, mucho menos, a asumir el estado de Derecho en el que ahora viven, y que les reconoce æpor lo menos en el papelæ plena libertad, equidad y justicia. La violación sistemática de los derechos humanos y la completa anulación de las garantías constitucionales en los regímenes dictatoriales impidieron ejercer la ciudadanía y, en medio de un clima de temor y represión, plasmaron una conciencia de injusticia e inequidad que a los latinoamericanos les cuesta dejar atrás.
Gestar ciudadanía es, por lo tanto, asumir un compromiso social y político por la transformación gradual de esa situación en busca de una vida digna para todos. Es ejercer, mantener y estimular la conciencia cívica de que todos los seres humanos son libres e iguales ante la ley, y tienen que llevar a la práctica æde forma cabal y comprometidaæ los mismos derechos y obligaciones, sin distinciones de raza, sexo, nivel socioeconómico, creencia religiosa ni ninguna otra. Los derechos de cada persona están limitados únicamente por los derechos de los demás y por las justas exigencias del bien común.
Además, construir ciudadanía es favorecer la participación activa de la gente en la edificación y transformación de la sociedad en la que viven conforme a sus necesidades e intereses. Lo anterior implica la conducción a un entorno democrático favorable en el cual las personas, tanto individual como colectivamente, puedan ampliar y desarrollar sus capacidades. De este modo, se amplían sus opciones y oportunidades para acceder a mejores condiciones de vida, donde ellos son los principales protagonistas y beneficiarios.
Hoy es imposible pensar en la formación de esa cultura política ciudadana al margen de los medios masivos de comunicación, más aún cuando se constata que ni las instituciones gubernamentales ni los partidos políticos han asumido esa obligación. En esta tarea de formación se encuentran, al igual que otros medios e instituciones, las radios populares porque desde su razón de ser asumen æjunto, desde y a partir de los sectores popularesæ un compromiso por la democratización de la comunicación y de la sociedad.
Carlos A. Camacho es autor del libro Las radios populares en la construcción de ciudadanía. Enseñanzas de la experiencia de ERBOL en Bolivia, Ed. Universidad Andina Simón Bolívar, La Paz, pp. 275.
1.Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Informe de Desarrollo Humano en Bolivia 2000, 1ª ed., La Paz, 2000, PNUD, pp. 31, 131.
2. Jesús Martín-Barbero, De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, 5ª ed., Santafé de Bogotá, Convenio Andrés Bello, p.xiv (Prefacio).
3. Véase Carlos A. Camacho Azurduy, Las radios populares en la construcción de ciudadanía. Enseñanzas de la experiencia de ERBOL en Bolivia, 1ª ed., La Paz, 2001, UASB, pp.275.
4. El Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa que ‘Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.’
5. UNESCO, Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo, 1ª ed., 1980, Fondo de Cultura Económica, México D.F., p. 289.
6. Sobre este tema consúltese Sandro Macassi Lavander, ‘Información para una ciudadanía responsable’, La Pizarra – Revista del Comunicador Práctico, No.11, agosto de 1994, pp.12-15.
7. Op.cit, p. 302.
Carlos A. Camacho Azurduy: Nacido en La Paz, Bolivia; Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica Boliviana; Magíster en Comunicación y Desarrollo de la Universidad Andina Simón Bolívar; Doctorando de la Universidad Complutense de Madrid. Es autor del libro Las radios populares en la construcción de ciudadanía. Enseñanzas de la experiencia de ERBOL en Bolivia; Miembro personal de la WACC; e integrante de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).