Verónica Biech
El pasado mes de julio, en la ciudad de Buenos Aires, se realizó el Encuentro Subregional Cono Sur de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC). De visita por la ciudad, para asistir al III Congreso Panamericano de Comunicación, el presidente de WACC América Latina, Dennis Smith participó de dicho encuentro. El derecho a la comunicación de los migrantes, los aborígenes y la integración de las nuevas tecnologías fueron los ejes principales.
El 10 y 11 de julio pasado se llevó a cabo el Encuentro de la subregión, Cono Sur de la WACC en América Latina. Veinticinco personas de Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina compartieron distintas posturas y realidades sobre el derecho a la comunicación.
En el encuentro se trabajó de un modo interactivo entre los participantes y los panelistas. Fue Dennis Smith, presidente de la WACC América Latina (WACC-AL) y coordinador pastoral de comunicación en el Centro Evangélico de Estudios Pastorales en Centro América, quien basó su exposición en los migrantes de Centro América. Lidia Baltra, periodista, dirigente del Colegio de Periodistas de Chile y presidenta del Tribunal Nacional de Ética y Disciplina hasta 2004, desarrolló las problemáticas de los aborígenes en Chile. Por último el grupo Nodo Tau, integrado por profesionales de la informática y las comunicaciones, educadores y militantes sociales, presentaron su postura sobre las nuevas tecnologías y su aporte a la integración. Todas estas organizaciones o personas que las representan, son miembros de WACC-AL.
Aborígenes en Chile
Lidia Baltra comenzó su exposición indicando los diferentes casos en los que los aborígenes son noticia en los medios de comunicación, subrayando que algunas de las causas se generan porque se los detiene, procesa y encarcela acusados de terroristas.Hace veinte años, los indígenas eran invisibles en Chile: “Nos enorgullecíamos de nuestros ancestros europeos y silenciábamos o negábamos nuestras raíces indígenas”, comentó Baltra.
Prácticamente no aparecían en los medios de comunicación masivos, salvo cuando un indio “flojo y borracho” se robaba una gallina o un novillo en el campo. En Chile existen ocho pueblos aborígenes y el mayoritario es el mapuche. Cuando en la década del ‘80 la ciudadanía se organizó para derrocar a la dictadura, los mapuches se incorporaron a la lucha de los campesinos para rearmar su abatida organización sindical. Y desde allí, se unieron al movimiento social que contribuyó con fuerza con la caída de Pinochet. “Con la llegada de la democracia nos dimos cuenta que sus reivindicaciones eran diferentes a las de los campesinos: querían volver a ocupar sus tierras –recuperadas fugazmente bajo el gobierno de Salvador Allende–, pero también querían recuperar su identidad anulada por la dictadura, el respeto de su lengua, sus tradiciones, su cultura”, afirmó Baltra. Y así, se les abrió el espacio para participar en la elaboración de la nueva Ley Indígena, aprobada por el Con-greso Nacional en 1993.
Los medios de comunicación los ignoran y en las escasas ocasiones que los atienden, los presentan de forma sesgada o caricaturizada. El ámbito informativo privilegia los conflictos por la tierra, pero están ausentes del área de entretenimiento. En las telenovelas, por ejemplo, son personajes secundarios (sirvientes o figuras bufonescas). El tema y la cultura indígenas están ausentes de los medios de comunicación masivos, lo cual atenta contra la construcción de su identidad.
En los últimos siete años, los mapuches no se han conformado con la lenta entrega de parcelas que ofrece la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) y han entrado en abierta batalla por recuperar sus tierras usurpadas, que están en manos de grupos económicos y transnacionales del negocio forestal.
Luchan por recuperar sus tierras ancestrales, las 10 millones de hectáreas que poseían hasta la mal llamada “Pacificación de la Araucanía” a fines del siglo XIX, cuando el Estado chileno se apropió de su territorio y lo decretó fiscal. En los diez años siguientes los confinó a reducciones y les entregó títulos en una extensión de sólo 500 mil hectáreas, dejando a unos 40 mil mapuches sin tierra. En la actualidad, existe una decena de boletines que los aborígenes utilizan para difundir su cultura y sus reivindicaciones. En 1994, cuando los indígenas de Chiapas, en el suroeste de México, propagaron su mensaje al mundo a través de la Internet y sus voces fueron escuchadas y recogidas con respeto o alarma en todos los niveles, la Internet se convirtió en un vocero importante de los grupos excluidos.
Migración y ciudadanía
“Cada inmigrante crea su identidad a partir de la nacionalidad en la que esta inmerso en ese momento”, comenzó diciendo Dennis Smith.Las distorsiones y desigualdades económicas y sociales creadas por la reestructuración e integración económica mundial han forzado la migración de muchos sectores de la población.
Este movimiento se refuerza por las facilidades del transporte y la comunicación, alcanzadas por los niveles tecnológicos modernos. Así es como cada vez más migrantes se ven sin otra alternativa de sobrevivencia que la de salir de sus comunidades de origen.
En su decisión de migrar, las personas ejercen su derecho a la vida y a todo aquello que la mejora. La tierra en que nacieron y crecieron es un sello indeleble que los acompaña toda la vida. No es fácil borrarlo. La cultura, ese modo de ser, de vivir y de expresarse de una determinada persona originaria de un determinado pueblo o país es algo que difícilmente se deja. Emigrar conlleva un riesgo cultural.
“Antes, las migraciones se daban en forma familiar; hoy en día ese liderazgo ya no existe, ahora es una decisión individual. Muchas veces, por tratar de cumplir ‘el sueño americano’, el hacerse rico en un instante en otro país, el migrante queda con gran culpa por dejar su familia atrás”, aclaró Smith.Miles de personas procedentes de los países pobres están llegando por tierra, mar y aire, de manera clandestina, a los países industrializados en busca de trabajo y de medios para poder sobrevivir. Se producen a gran escala situaciones dramáticas de desarraigo familiar, de explotación, de persecución policial. “En ese sentido, se puede decir que los migrantes son los refugiados de la globalización pero también peregrinos de dignidad.” definió Dennis Smith.
Al finalizar su exposición, el presidente de WACC-AL dijo: “Su país de origen está en el lugar donde vaya el migrante. En los medios de comunicación debemos darles el espacio para que cuenten sus historias, y proponer con ellos transformaciones para las situaciones de desarraigo que sufren, porque hasta que un problema es difundido, nadie sabe que existe. En las producciones conjuntas podremos defender la dignidad humana”.
Tecnología: uso inteligente
Durante el segundo día del Encuentro, la Asociación Civil “Nodo Tau” realizó una presentación donde, a través de dinámicas y debates, presentó perspectivas acerca del avance tecnológico en la actualidad y cómo hacer un uso inteligente del mismo, sabiendo discernir entre lo que nos quieren imponer y lo que realmente nos sirve.
Esta asociación civil sin fines de lucro, se dedica a facilitar el acceso a las nuevas tecnologías de la información a organizaciones comunitarias, logrando fortalecer su acción institucional y a la vez dinamizar la comunicación y organización entre todos los sectores comprometidos con la lucha contra la pobreza y la exclusión, el cuidado del medio ambiente y la defensa de los derechos humanos y sociales.
El encuentro finalizó con una conclusión de sus participantes; cada uno reflexionó desde los diferentes escenarios donde desarrolla la temática del derecho a la comunicación sobre los pasos a seguir para tratar de revertir la situación de exclusión y marginación que sufren muchos migrantes refugiados en América Latina, aborígenes y personas que no tienen acceso a la tecnología.
Fuentes
“Indígenas y medios de comunicación en Chile” por Lidia Baltra.
Investigación para el Seminario de WACC 2004, por Irene Morales.
www.tau.org.ar
Publicado originalmente en "Vida abundante", revista de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, Setiembre/Octubre 2005 Número 5.