Principios Cristianos de la Comunicación
La información y la comunicación están transformando profundamente el mundo en que vivimos. En vez de contribuir a crear comunidad y la solidaridad, la comunicación pública tiende hoy a reforzar las divisiones, ensanchar la distancia que separa a los pobres de los ricos, consolidar la opresión y deformar la realidad a fin de perpetuar sistemas de dominación y someter a las masas silenciadas a la manipulación de los medios de información. Y, sin embargo, la comunicación sigue siendo el don mayor que Dios ha hecho a la humanidad, sin el cual no podemos ser verdaderamente humanos, reflejo de la "imagen de Dios". Tampoco podríamos disfrutar de la vida en común en grupos, comunidades y sociedades que poseen diferentes culturas y diferentes modos de vida.
Lo que ha impulsado a los miembros de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC) a examinar sus prácticas y políticas de comunicación, fundándose en la Buena Nueva del Reino, es tanto el potencial de solidaridad que tienen los medios modernos de comunicación como las amenazas que entrañan para la humanidad.
Las orientaciones que se exponen a continuación son una expresión de nuestro testimonio común de Jesucristo y de la esperanza que El nos ha dado mediante el poder transformador de sus propia comunicación.
La comunicación desde una perspectiva Cristiana
Para poder cumplir esa tarea, los cristianos han recibido la promesa del poder del Espíritu Santo. Es ese Espíritu el que puede convertir la confusión de Babel en un Pentecostés de auténtico entendimiento. Pero el Espíritu "sopla de donde quiere" (Juan, 3:8), y nadie, ni iglesia ni grupo religioso, puede pretender controlarlo.
La Buena Nueva se dirige a la persona en su totalidad y a todas las personas. Oramos por la venida del Reino y por nuestro pan de cada día, por el reinado de Dios en el mundo futuro y en el "aquí y ahora". Para los comunicadores cristianos, lo material y lo espiritual forman parte uno del otro.
La comunicación del propio Cristo fue un acto de entrega personal. Jesús "se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo" (Filipenses 2:7). Sirvió a todos, pero asumió la causa de los materialmente pobres, de los enfermos de espíritu, de los parias de la sociedad, de los débiles y oprimidos. Del mismo modo, la comunicación cristiana debe ser un acto de amor que libera a todos los que participan en ella.
El Evangelio, que es el anuncio de la Buena Nueva a los pobres, necesita ser reinterpretado constantemente desde la perspectiva de los pobres y los oprimidos. Esta exigencia es un desafió a la jerarquías eclesiásticas para que se desvinculen de las estructuras de poder que mantienen a los pobres en una situación de subordinación. En ese sentido, La Buena Nueva a los pobres implica una auténtica reconciliación gracias a la cual es posible reafirmar la dignidad de todas las personas.
Al aceptar la soberanía de Cristo, los comunicadores cristianos anteponemos la proclamación del Reino de Dios a la de nuestras iglesias divididas. Las iglesias no existen para sí mismas sino por el Reino. Por ello, el comunicador cristiano da preferencia a la comunicación ecuménica para que los cristianos de diversas denominaciones puedan hablar con una sola voz, dando así testimonio del cuerpo único de Cristo.
Los comunicadores cristianos, como testigos del Reino, deben suscitar y reflejar el testimonio común de la Iglesia. La vida de los cristianos, así como la labor de los comunicadores, tiene que liberarse del individualismo que caracteriza a ciertas culturas y tradiciones. Es preciso volver a descubrir lo que significaba la iglesia confesante y comunicante para la comunidad cristiana primitiva.
La Iglesia, como comunidad de creyentes, es el instrumento elegido por Dios para propagar el Reino, pues su misión es encarnar y testificar a los valores fundamentales del Reino como ser la unidad, la reconciliación, la igualdad, la justicia, la libertad, la armonía, la paz y el amor ("shalom").
Además, los comunicadores cristianos son conscientes de los misterios de Dios y los respetan. Los caminos de Dios no se pueden aprehender y menos aún explicar. Del mismo modo, la corona de la creación divina - el ser humano - jamás se podrá llegar a comprender plenamente. Por ello, los comunicadores cristianos no olvidan en ningún momento sus incapacidad para hablar acerca de Dios y siempre tienen presente el "misterio" cuando relatan la historia del pueblo de Dios.
El fin último de la comunicación de los cristianos es glorificar a Dios. En ese sentido, toda comunicación cristiana es un acto de adoración, una alabanza a Dios por medio de la palabra y la acción compartidas de una comunidad que vive consciente de la presencia de Dios. La comunicación cristiana se encuentra ante la tarea de dar testimonio del poder transformador de Dios en todos los aspectos de la vida humana. Pablo dice de sí mismo y de todos los servidores de la Palabra que lo son "para alabanza de su gloria" (Efe, 1:12) y de ese modo "colaboramos para vuestro gozo" (2º Corintios. 1:24). La Gloria de Dios y el gozo del pueblo deben ser el sello distintivo de toda comunicación cristiana.
La comunicación crea comunidad
Muchos temen o deploran hoy la pérdida de comunidad y del espíritu comunitario. Los medios de comunicación masiva, en vez de acercar a la gente suelen aislarla o dividirla. Y sin embargo, la comunicación, incluido el empleo de los medios alternativos, puede revitalizar a la s comunidades y reavivar el espíritu comunitario, porque el modelo de la comunicación auténtica, al igual que el modelo de toda comunidad, es abierto e inclusivo antes que unidireccional y excluyente.
Ahora bien, la comunidad no debe entenderse únicamente como el ámbito local. Es preciso que emerja una comunidad de pueblos y naciones, así como una comunidad de iglesias y religiones, para que la humanidad pueda sobrevivir. En consecuencia, uno de los objetivos de nuestro trabajo es derribar la barreras de toda clase que impiden el desarrollo de comunidades con derechos y justicia para todos - en particular, las barreras de raza, sexo, clase, nación, poder y riquezas. La comunicación auténtica no puede realizarse en un clima de división, alienación, aislamiento y separación que perturba la interacción social, la impide o deforma.
La comunicación verdadera se ve facilitada cuando la gente se une sin tener en cuanta las diferencias de raza, color o convicción religiosa, y cuando hay una aceptación y un compromiso mutuos.
La comunicación es participativa
Los medios de comunicación masiva están organizados conforme a líneas que siguen una sola dirección: de arriba hacia abajo, del centro a la periferia, de unos pocos hacia la mayoría, del "rico" en información al "pobre" en información. Este estado de cosas ha condicionado la mente de mucha gente, no sólo por el contenido de la información que se transmite, sino también porque se ha creado una "mentalidad de media masivo". Muchos piensan que así deben trabajar esos medios, Incluso a quienes propugnan una corriente de información horizontal, a menudo sólo les reocupa el aumento del número de canales, la diversificaron del contenido y la multiplicación de los medios a nivel local. Siguen adhiriendo al principio básico de la transmisión "vertical".
Por otra parte, hay actualmente una conciencia cada vez mayor de que los individuos y los grupos tienen necesidades en materia de información y comunicación que los medios masivos de comunicación no pueden satisfacer. Las técnicas modernas de comunicación podrían permitir o desarrollar una grado de participación mucho más elevado del que están dispuestos a consentir quienes controlan los sistemas.
La comunicación es, por definición, participativa. Es un proceso de dos direcciones. Es interactiva, porque hace compartir un mensaje y permite establecer y mantener las relaciones sociales. Cuanto mayor alcance y poder tengan los medios de comunicación, más grande será la necesidad de que la gente intervenga en actividades de comunicación propias, locales o entre grupos. De ese modo, se podrán descubrir y desarrollar formas tradicionales de comunicación.
Solamente cuando las personas son sujetos y no objetos de la comunicación, están en condiciones de desplegar todas sus posibilidades, tanto individual como colectivamente. La comunicación se considera en la actualidad una necesidad individual y social de tan fundamental importancia que se reconoce como un derecho human universal. Como tal, engloba las libertades tradicionales de expresión y de buscar, recibir y difundir información. Ahora bien, a esas libertades añade una nueva noción - tanto por lo que respecta al individuo como a la sociedad - a saber, la de acceso, participación y flujo de información bidireccional.
La comunicación participativa puede poner en tela de juicio las estructuras autoritarias de la sociedad, las iglesias y de los medios de comunicación, democratizando, al mismo tiempo, nuevos sectores de la vida. También puede impugnar algunas de las "normas profesionales" vigentes en los medios, al amparo de las cuales solo las personas poderosas, ricas y atractivas monopolizan la escena, excluyendo a la gente corriente, sean hombres, mujeres o niños. Por último, la comunicación participativa puede aportar a la gente un nuevo sentido de dignidad humana, una nueva experiencia de comunidad y el disfrute de una vida más plena.
La comunicación libera
Los medios masivos de comunicación son una forma de poder y a menudo un engranaje del sistema de poder. Por lo general, están estructurados de tal modo que refuerzan el status quo en provecho de quienes detentan el poder económico y político. Así, el poder de los medios masivos tiene un efecto dominador contrario a la comunicación auténtica.
No podemos comunicarnos con personas a quienes consideramos "inferiores", si no las respetamos como seres humanos. Solamente podemos darles información o venderles "productos elaborados por los medios masivos". La comunicación auténtica implica reconocer que todos los seres humanos tienen el mismo valor. Cuanto más explícita es la igualdad en las relaciones humanas, más fácilmente surge la comunicación.
Hay maneras brutales y sutiles de silenciar al pueblo. Los dictados del nacionalismo moderno y las exigencias de las ideologías dominantes son ejemplos de cómo se ha recortado la libertad y se han suprimido las opiniones divergentes. Cuando los medios masivos de comunicación se jactan de la libertad de prensa y difusión o la reclaman a gritos, habría que preguntarles: ¿qué libertad? ¿y la de quién? La libertad de comunicación está ligada a la búsqueda de comunidad y de satisfacción de la necesidades individuales y sociales de todos y no únicamente de unos pocos.
La comunicación que libera, capacita a las personas para que expresen sus propias necesidades y las ayuda a actuar juntas para subvenir a esas necesidades. Refuerza su sentimiento de dignidad y pone de relieve su derecho a participar plenamente en la vida de la sociedad. Está encaminada a la construcción de estructuras sociales más justas, más igualitarias, y de contribuir mejor al respeto absoluto de los derechos humanos.
La comunicación presta apoyo y desarrollo a las culturas
Un cultura popular básica y una identidad cultural propia forman parte de la dignidad de la persona humana. Son numerosos los países y los pueblos que están redescubriendo y redefiniendo su identidad cultural básica. Esto es particularmente urgente cuando los valores relativos a la cultura, el idioma, la religión, el sexo, la edad y el origen étnico o racial han sido atacados o tratados con desprecio por miembros de otros grupos culturales.
Tal como se están estableciendo en la actualidad, las estructuras mundiales de comunicación constituyen una amenaza para la culturas y prioridades de muchos países. Lo que es más grave aún, las industrias del espectáculo, particularmente la televisión y los video programas están creando un medio ambiente de comunicación alienado y alienante.
Los criterios occidentales a que se ajustan los medios masivos de comunicación ya han sido adoptados por las elites nacionales de los países del Sur. Se han fijado las "normas" de los que se puede clasificar como "profesional" en las producciones de los medios de comunicación, impidiendo a menudo la aparición de formas alternativas de comunicación.
Los comunicadores tienen hoy la tremenda responsabilidad de utilizar e idear formas autóctonas de comunicación. Tiene que crear un ámbito simbólico de imágenes y dignificados mutualmente compartidos en el que se respete la dignidad humana y lo calores religiosos y culturales que constituyen la médula contemporánea son sus variadísimas culturas, que revelan la riqueza de la imagen de Dios en toda su diversidad.
La comunicación es profética
Muchas personas que trabajan en los medios de comunicación están procurando interpretar los signos de los tiempos, porque ello forma parte de la tarea de información pública en la que están comprometidos, Para los cristianos, los acontecimientos cotidianos son parte de la agenda de Dios para la acción. En ella los planes de Dios se revelan a través de la cambiante circunstancias y de la nuevas oportunidades. Para discernir e interpretar correctamente la realidad, los comunicadores cristianos deben escuchar a Dios y dejarse conducir por el Espíritu. Este es un requisito de toda labor profética.
Sin embargo, las palabras no son más que una parte de la profecía. Adquieren verdadero sentido sólo cuando van acompañadas de la acción. La comunicación profética se expresa en palabras y en obras. Debe estar dispuesta a desafiar a principados y potestades, y ello puede implicar un alto costo.
La comunicación profética está al servicio de la verdad y desenmascara la mentira. Las mentiras y las verdades a medias son una grave amenaza para la comunicación. La comunicación profética estimula la conciencia crítica frente a la realidad construida por los medios masivos y ayuda a las personas a distinguir lo verdadero de lo falso, a discernir la subjetividad del periodista y a separar lo que es efímero y trivial de lo duradero y valioso. A menudo es necesario idear formas alternativas de comunicación para que las palabras y obras proféticas puedan llevarse a cabo.
Conclusión
Estos principios deberán guiar a los cristianos en su trabajo y misión de comunicación. Constituyen también el programa común de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana en los que se refiere al apoyo a proyectos, estudios y difusión de políticas. La comunicación debe ser considerada un elemento fundamental para las iglesias, como el proceso por el cual se recibe y se comparte el amor de Dios, creando así comunión y comunidad.
Si Ud está de acuerdo con estos principios le invitamos a afiliarse a la WACC

















