Ralf Peter Reimann
El contenido es el rey, dice la consigna, y el contenido —textos, fotos, audios y vídeos— es la mercancía más disputada de la sociedad informática. En los primeros días de la internet, el contenido era gratuito, pero esto está cambiando. ¿Qué debemos hacer al respecto?
Recientes estadísticas muestran que los consumidores estadounidenses están consumiendo y pagando cada vez más por los medios en línea. El año pasado gastaron casi $1.6 millardos por contenido en línea, un aumento de 18.8% desde el 2002. La tecnología Digital Rights Management (Gestión de Derechos Digitales), DRM, se ha convertido en la herramienta clave para controlar el acceso al contenido y convertir al usuario de la internet en un usuario pagante. Históricamente, las leyes de propiedad intelectual tuvieron por objeto “promover el progreso de la ciencia y las artes prácticas, asegurando por tiempo limitado a los autores e inventores el derecho exclusivo a sus respectivos escritos y descubrimientos”, pero hoy en día la DRM está dominada por los intereses de la industria mundial del entretenimiento.
Basta con decir, por ejemplo, que el sitio web copyright.org es propiedad de la Motion Picture Association of America, entre cuyos miembros figuran todos los grandes estudios de Hollywood. Su intención es todo lo contrario a lo que la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) adoptó en su Declaración de Principios y Plan de Acción en Ginebra en el 2003.
Aunque la CMSI reconoce que “la protección de la propiedad intelectual es importante para alentar la innovación y creatividad en la Sociedad de la Información”, también enfatiza que “la amplia divulgación, difusión e intercambio del conocimiento es importante para alentar la innovación y creatividad”, porque reducir la llamada brecha digital es una herramienta importante para el desarrollo, “para empoderar a los pobres, particularmente los que viven en zonas rurales remotas y urbano-marginales, acceder a la información y usar las TICs como una herramienta para apoyar sus esfuerzos por salirse de la pobreza”.
Los propulsores de la justicia global suelen olvidar que deben incluir la ética mediática en su agenda, porque el futuro de los países en desarrollo no está determinado sólo por las cuestiones de comercio justo, sino también por el acceso sin trabas a la información.
Alzar la voz por los pobres lleva a abogar por leyes de propiedad intelectual que favorezcan el bienestar de todas las personas por encima del interés particular de corporaciones poderosas y estridentes. La “fuente abierta” se ha convertido en un poderoso movimiento en la programación de computadoras; la Licencia Pública General GNU de la Fundación del Software Libre (FSF) se está convirtiendo en el marco legal para el software de fuente abierta. El éxito del sistema operativo Linux muestra que un código de programa puede ser compartido libremente sin que se dejen de respetar las leyes de propiedad intelectual y sin que las empresas de software dejen de ganar dinero por sus programas.
Hay diversos enfoques que transfieren la idea de software de “fuente abierta” a “contenido abierto” en la web. Creative Commons es una iniciativa que ofrece un marco de licenciamiento que permite usar derechos privados para crear bienes públicos. El enfoque utópico de “tener todas las cosas en común” (Hechos 2:44) dio pie a movimientos que aplicaron esta idea a la economía durante una época en que la atención estaba puesta en la producción de bienes materiales. Luego de dejar atrás una sociedad industrial y entrar en la Sociedad de la Información, ha llegado el momento de aplicar esta idea de compartir también los bienes inmateriales como el contenido. El contenido abierto debe ser el rey. La legislación europea sobre la propiedad intelectual tocante a la DRM está actualmente en debate. Es una tarea importante vigilar este proceso. Debemos prestar nuestra voz a los que no tienen el poder económico de las empresas transnacionales pero que están abogando por la justicia global en una era digital, tratando de reducir la brecha entre los que tienen y no tienen acceso a las TICs.
Ralf Peter Reimann es coordinador de web de la Iglesia Evangélica en la Renania.
Vínculo:
www.ekir.de