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Taking Sides
Y de nuevo las mismas preguntas: ¿Cómo se articulan democracia y comunicación en el siglo XXI? Print E-mail

Fernando Reyes Matta

En el 2003 el mundo vivirá una de sus grandes Cumbres Mundiales en torno a un tema global esencial para el nuevo mapa de poder que han configurado las telecomunicaciones, la realidad digital y el llamado ciberespacio. Allí los Estados, pero también las organizaciones de la sociedad civil internacional debatirán – y disputarán – sobre el sentido que esta nueva realidad tiene para los desarrollos económicos, para las diversas culturas y para la vida de los ciudadanos.

  • La más antigua entidad del sistema de Naciones Unidas, la International Telecommunication Union, (ITU) – nacida en el siglo pasado como la Union Telegráfica Internacional – ya ha hecho su convocatoria. Las conferencias regionales están en marcha.
  • A medida que se acerque la fecha las preguntas sobre el futuro que allí se estará configurando dejarán de ser sólo tecnológicas, para tomar un creciente rostro político y cultural. Si la información es el gran recurso del siglo XXI ese debate en Ginebra será clave para definir los parámetros en que se producirá nuestra inserción en los nuevos mapas de la globalidad. Las preguntas volverán a la esencia donde retornamos cada cierto tiempo: ¿Y aquí los ciudadanos donde estarán? ¿Tendremos más o menos democracia en medio de esta expansión digital? ¿Qué traerá a los hombres y mujeres de este continente la creciente revolución comunicacional? ¿Cuánto nos falta por saber para no quedarnos atrás?
  • Las preguntas no son tan distintas de aquellas que a mediados de los setenta atizaron la puesta en marcha de un gran movimiento de investigadores de la comunicación en este continente. En muchos casos, la perdida de la democracia en la región era más que suficiente motivo para pensar desde esa realidad la transformación comunicacional que vivía el mundo. Los debates en el seno de la UNESCO fueron tan intensos que Estados Unidos y luego el Reino Unido terminaron por alejarse de la entidad. La conferencia de 1976 fue especialmente ilustrativa de esta situación. De todo ello emergió la Comisión Internacional para los Problemas de la Comunicación, más conocida como Comisión MacBride que en 1980 dio a conocer su Informe Final.1
  • Pero si los gobiernos y ciertas entidades internacionales de prensa levantaban el dedo para calificar de ‘peligro totalitario’ la propuesta de un nuevo orden informativo, al interior de la ITU fue vista en esos mismo años por las grandes corporaciones de este campo como una ‘oportunidad’ para lanzar una gran política de inversiones en infraestructuras de telecomunicación. Progresivamente el debate político sobre la Comunicación perdió presencia en la UNESCO, mientras las grandes personalidades de la política mundial optaban por la ITU como escenario para hacer sus propuestas sobre la ‘Information Society’ y la ‘Supercarretera de la Información’.
  • Globales, alternativos y locales.
  • En 1980 nació la CNN. Pero también en los umbrales de esa década comenzaron a articularse las redes computaciones. Quienes impulsaban la llamada ‘comunicación alternativa’ sabían que allí se estaba construyendo una historia de nuevas posibilidades. Los más intuitivos entre nosotros fueron los brasileños y gente como Carlos Afonso, en IBASE, fueron pioneros para hablar del poder de las redes en la base social.
  • Así los tiempos coincidieron para poner en marcha dos fenómenos que hoy se entrelazan. La CNN y otras experiencias similares iniciaban un nuevo camino para ‘lo global’ en las comunicaciones. Las experiencias alternativas comenzaban a descubrir que ‘lo local’ podía articularse con otros que también estaban en lo mismo y tejer una red usando los nuevos recursos comunicacionales.
  • En 1987 escribimos un artículo en la revista TELOS, de España, donde avanzábamos algunas interpretaciones de lo que estaba ocurriendo en este campo.2 Aún no había llegado Internet, pero los sistemas de correo electrónico ya estaban permitiendo trabajar en acciones coordinadas globalmente. Un ejemplo concreto era la forma como Amnesty International había logrado perfeccionar su trabajo de urgencia.
  • Desde hace un par de meses AI, la organización preocupada de los derechos humanos y los presos de conciencia en todo el mundo, puso en marcha la ‘Red de Acción Urgente’. Para ello usa los microcomputadores, los modems (tarjetas de comunicaciones), los teléfonos y todo el instrumental que las re-des teleinformáticas están multiplicando con gran celeridad, gracias a los cuales ha logrado un impacto significativo en su tarea. Alrededor del 35% de los casos de acción urgente reportaron un cambio favorable: presos ‘desaparecidos’ que reaparecen, sentencias de muerte conmutadas, situaciones de incomunica-ción que terminan.
  • Desde el momento que Amnesty International recibe una denuncia urgente, pone toda la información dentro de una conferencia electrónica cuya clave es ‘Al. UAN’. Son las letras en inglés correspon-dientes a Amnesty International: Urgent Action Network. Sin duda, el elemento clave de esta operación es la velocidad del trabajo. Amnesty International difunde la informa-ción urgente en pocas horas, y también de un día para otro comienza a sentirse la presión en favor del perseguido. El gran salto se dio gracias a un nuevo mundo de comunicaciones: las redes de microcomputadores (TELOS,N°14, Madrid).
  • En ese mismo trabajo señalábamos las dudas y desafíos que las entidades sociales tenían frente a estas nuevas formas de comunicación. Dudas hoy, plenamente resueltas.
  • Es habitual que estas entidades se aproximen con dudas y resguardos a los microcomputadores y las redes. A algu-nos les preocupan las intervenciones ‘invisibles’ que puedan recoger las informa-ciones y hacer mal uso de ellas. A otras les parecen prácticas de alta tecnología y de países desarrollados, lejanas de las necesidades inmediatas de la base social. A otros les preocupan los costos que es-tas comunicaciones puedan llegar a te-ner. Las tres formas de preocupaciones se van superando con la experimentación misma. La efectividad de la acción a tra-vés de las redes demuestra que, más allá de posibles intrusos, lo importante es la agilidad informativa para perfeccionar coordinaciones (TELOS, ibid).
  • Esas acciones pioneras y esas dudas ya son historia. Dos décadas después tenemos suficientes elementos para ver el impacto que esas tecnologías han traído al escenario de lo político social y también las nuevas preguntas generadas.
  • En agosto de 1991 tuvo lugar el intento de golpe militar contra el parlamento ruso en lo que aún era la Unión Soviética. Los golpistas siguieron un modelo clásico: ocuparon inmediatamente los estudios y torres de control de la radio y la televisión y pusieron bajo control los diarios y agencias de noticias. Pero en su diseño no entró la ocupación de una modesta oficina con un par de computadores donde funcionaba una emergente organización ecologista, la ‘Glasnet’, juego de palabras con glasnost, concepto clave en la apertura que condujo al fin del régimen comunista. Glasnet, conectada por teléfono a los computadores de otras redes de Finlandia y del resto del mundo, estaba enviando permanentes comunicados desde Moscú, dando a conocer lo que ocurría y transmitiendo el discurso de Jeltzin parado arriba de un tanque y las reacciones que el golpe había gestado en la confusa sociedad moscovita y en el resto del mundo soviético, ya en crisis. Fue un momento clave para demostrar que otro mundo de comunicaciones, instalado en medio de la sociedad civil y conectado a otras entidades similares en el resto del mundo, podía cruzar las fronteras y generar corrientes de opinión que circulaban por circuitos distintos a los creados por los ‘mass-media’ del siglo XX.
  • En 1994, Alvin y Heidi Toffler indicaron que:
  • ‘Esta sociedad civil internacional, enlazada gracias a los recursos tecnológicos más sofisticados (que a menudo son precisamente los más sencillos de utilizar), ha ganado una significativa presencia en el debate y la discusión política en numerosas naciones, de la misma forma que se ha diversificado y cobrado presencia también en el plano internacional’. Para algunos analistas ‘el ciberespacio, al menos hasta ahora, manifiesta una pluralidad mayor que la del mundo real.’3
  • La nueva diplomacia ciudadana
  • Una nueva ‘diplomacia ciudadana’ se había gestado alrededor de los grandes debates internacionales. Haciendo uso principalmente del correo electrónico y de las casillas dedicadas para pasar luego al uso de los web sites, con la incorporación de texto, audio y video, se pusieron en marcha grandes operaciones para influir en las cumbres que marcaron los años 90.
  • El primer momento político que mostró la existencia de este nuevo fenómeno se produjo en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro. Desde ahí fue evidente que los debates internacionales, marcados tras el fin de la Guerra Fría por una preocupación central en el desarrollo social, debieron considerar también a este llamado ‘tercer sector’: una multitudinaria y heterogénea gama de entidades no gubernamentales capaces de colocar agenda, crear escenarios y abrir cauces a una mirada nueva en los macro problemas contemporáneos. De la Cumbre de la Tierra se pasó a la Cumbre de Población, del Hábitat, de Desarrollo Social, de los Derechos Humanos y de la Mujer. Cada una de ellas fue demostrando las capacidades y reenfoques derivados de este activismo transnacional. Pero la toma de conciencia global de que algo nuevo estaba ocurriendo sólo se produjo con las manifestaciones en Seattle, en diciembre de 1999.
  • Durante muchos meses, la Organización Mundial del Comercio, WTO, había organizado su conferencia destinada a poner en marcha una nueva ronda de conversaciones para el comercio mundial. Ya en el interior de APEC (Asia Pacific Economic Cooperation Forum) en septiembre de ese año en Auckland, el presidente Clinton había hecho sentir que esperaba convertir la Cumbre Internacional de Seattle en un salto adelante en los procesos de apertura de libre comercio y la liberalización económica.
  • Para todo estuvieron preparados, menos para la fuerza de las protestas que se expandieron por Seattle, y que desde allí gestaron un llamado de atención de carácter mundial. Más de 40 mil manifestantes se instalaron en las calles de esa ciudad, haciendo imposible el trabajo en la WTO no sólo por los obstáculos creados y los desórdenes de las confrontaciones con la policía, sino porque mediante un sofisticado sistema de comunicación, establecieron una tribuna paralela que, a través de Internet, buscó señalar que la economía global necesitaba ser mirada no sólo bajo la lupa de las cifras macroeconómicas, sino bajo otra lente que tomara en cuenta las condiciones reales de vida de millones de seres humanos castigados por el desempleo y la pobreza a medida que el modelo económico global se ha expandido.
  • Medio ambientalistas, sindicalistas, defensores de los derechos humanos y representantes de muchas otras agrupaciones y minorías, unieron sus brazos y sus computadores:
  • ‘Gracias en gran parte a Internet, que les ha permitido fortalecer sus lazos, hacer públicas las injusticias y acrecentar sus números, los activistas se han organizado, abarcando desde el poder obrero de antaño a la destreza cibernética de los liberales universitarios. Sus crecientes números hacen que el movimiento “Manos que cruzan América” parezca un juego de niños.’4
  • Los analistas de inteligencia comenzaron de inmediato a preocuparse por saber quién era el líder de todo esto. Su sorpresa fue mayor cuando se enteraron que no había un líder, que no había un Pat Robertson o un Ralph Nader:
  • ‘La movilización por la justicia global no es un acontecimiento jerárquico de subordinación, al igual que la Internet el movimiento antiglobalista es un conjunto de personas que no solamente se las arregla para sobrevivir sino que además crece, sin cabeza’ (Time, ibid).
  • Por cierto, no faltaron quienes enfatizaron la ironía detrás de este acontecimiento: los contrarios al globalismo se movilizan a través de una de las creaciones más dinámicas de la nueva economía, la web. La red se supuso que ayudaría a articular los mercados en un enorme espacio de comercio mundial, no a organizar a miles de piquetes de protesta, decían los comentaristas de dicha publicación.
  • Pero la expansión y presencia de la red ya trae otras preocupaciones políticas. En definitiva, las mismas inquietudes del pasado frente a otros avances de las tecnologías. Durante julio del 2000, se registraron pronunciamientos políticos internacionales que pusieron luz sobre el carácter de Internet y la posibilidad de que el ‘cyberspace’ se pudiera convertir en otro escenario de desigualdades.
  • El peligro de la ‘brecha digital’
  • Una declaración, muy difundida en todo el mundo, del Presidente Ricardo Lagos de Chile, Thabo Mlabeki de Sudáfrica y Goran Persson, Primer Ministro de Suecia, señaló lo siguiente:
  • ‘La tecnología de la información es, en todo el mundo, un factor clave en los procesos de desarrollo económico, político y cultural, sin embargo, hasta ahora solamente una elite tiene acceso a ella. Si la tecnología de la información no está disponible para todos, puede llegar a ser otra fuente de división y de mayor desigualdad, además de un obstáculo para el desarrollo. La brecha digital ya existe, y nuestra tarea como líderes políticos es asegurar que disminuya, dentro y entre nuestras naciones.’5
  • Casi al mismo tiempo tuvo lugar en Japón la reunión del llamado G-8, esto es, el Grupo de Países de Mayor Desarrollo Económico Capitalista, más Rusia. Los países del G-8, reunidos en Okinawa, ensalzaron los beneficios que la revolución digital supone para la economía mundial, pero también advirtieron los peligros que se ensanche la brecha entre los ricos y los pobres en este sector. Los líderes suscribieron la Carta de Okinawa sobre la Sociedad Global de Información:
  • ‘Debemos asegurar que sirva al crecimiento económico sostenible, al bienestar social y a la cohesión social, a fortalecer la democracia, promover los derechos humanos, resaltar la diversidad cultural, así como la paz y la estabilidad internacional.’
  • Los comentaristas y los despachos informativos desde Okinawa indicaron que, según estadísticas de ese momento, el número de usuarios de Internet se había casi duplicado en un año - de 180 millones a fines de junio de 1999 - estaba llegando a 330 millones en junio del 2000. Sin embargo, los informes también remarcaron que el 90% de los usuarios de Internet existentes en el mundo provienen de los países más desarrollados.
  • Detrás de las cifras y llamados de atención, se ubica un espacio que no está necesariamente referido a la frontera países desarrollados /países en desarrollo, sino a aquellas fronteras creadas por el nuevo fenómeno de las ‘comunidades de interés’ que, a partir de un determinado discurso, constituyeron una posición y buscaron tener una influencia significativa en la agenda internacional.
  • Un nuevo tipo de alianzas emergió, durante la última década del siglo 20, entre las instituciones y grupos de la sociedad civil existentes en países desarrollados con aquellas instituciones y personas que en los países del sur comparten una misma sensibilidad e impulsan similares conceptos: un activista del ecologismo ubicado en el sur de Chile tiene mucho más que ver con un activista de Suecia, de Filipinas, de Canadá o Nueva Zelanda, con los cuales comparte una plataforma común. Las comunidades de interés han creado un ‘cyberciudadano’ que no sólo habita en su espacio geográfico específico, sino también en un espacio virtual de su ‘comunidad de interés’. La principal herramienta de estos grupos es la coordinación de acciones y, con ella, van generando procesos de alcance internacional como nunca antes los puso en marcha la sociedad civil.
  • Lo que han debido entender al cruzar el 2000 los ejecutivos más tradicionales de la economía global es que en la globalización los signos ideológicos y políticos se entremezclan, se confunden, haciendo posible que no sólo desde el poder político o económico sea factible la conexión a las redes, sino también que éstas sean espacios de facilidades para organizaciones e individuos.
  • De alguna forma, los más contestatarios en el pasado respecto de la expansión de los nuevos recursos tecnológicos también han descubierto que en Internet los discursos del polo dominante y del polo dominado, al decir gramsciano, interactúan e influyen a veces con presencia tanto o más poderosa de aquellos que se supone detentan el poder.
  • Las redes y las torres gemelas
  • Los hechos del 11 de septiembre abrieron otra vez todos los escenarios comunicacionales a las preguntas claves. Y en esta circunstancia también las redes fueron una oportunidad nueva y significativa para los sectores excluidos de la producción de los mensajes comunicacionales dominantes.
  • El 11-S, como le gusta decir a la prensa española, la historia fue reubicada en el escenario de la simultaneidad. Ni diferencias de lenguas, ni distintos horarios, ni culturas diversas anularon la explosión de globalidad que significó el primer acto terrorista transmitido en directo a todo el mundo. Registro de las primeras opiniones de distintos gobernantes, como de los primeros comentarios de los periodistas y del público en la calle, demostraron que en aquellas horas la reacción era la misma tanto de los gobernantes como de los gobernados: había ocurrido algo grande, espantoso, inesperado, sin que nadie pudiera dar explicaciones precisas del alcance de los hechos y de quién estaba detrás de ellos.
  • Los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono demostraron que en el mundo de hoy la sobreabundancia informativa es un recurso en crecimiento, pero es cada vez más precario el recurso de la interpretación. Los hechos estuvieron conectados directamente con los terminales más finos de la emoción de cada cual y las imágenes se repitieron una y mil veces porque en cada instante que ellas se mostraban, desde diversos ángulos, se mantenía vivo el horror y el estupor.
  • Los medios europeos, tal vez con una mayor cercanía al mundo musulmán y una perspectiva profesional siempre más analítica, marcaron a poco andar sus diferencias. Las grandes estaciones europeas como BBC, TV1 o TVE se volcaron a encontrar los factores culturales y socioeconómicos que parecían estar detrás de la operación terrorista. A la vez, fueron enfáticos en hacer la diferencia entre el mundo musulmán y el islamismo, y el grupo talibán acusado del atentado y su líder Osama bin Laden.
  • En América Latina, con la excepción de las grandes corporaciones como Televisa y O’Globo, se vivieron varios días con la retransmisión de CNN y, ocasionalmente, de alguna cadena europea. La superposición de los logotipos locales sobre el logotipo de CNN o el título en español sobre la frase ‘America under attack’ generaba un exceso visual en torno de las imágenes captadas - legal o ilegalmente - desde el exterior. Hubo otros excesos, como el de Televisión Azteca, en México, que con discutible aunque oportuno sentido del negocio, se apresuró en utilizar la tragedia de Manhattan. Unas horas después de que las torres gemelas habían caído, los programadores de esa empresa decidieron transmitir en el canal 7 la película Atentado al World Trade Center. Se trata de una cinta filmada en 1997 para la televisión, donde se relata el atentado que pocos años antes había sufrido ese emblemático sitio neoyorquino.
  • Lo nuevo respecto de todos los conflictos anteriores, incluida la Guerra del Golfo, es que en este caso Internet se convirtió en fuente y circuito de información de las ideas de la gente. No sólo los medios alternativos, de alcance menor en el pasado, han ganado su espacio de circulación global gracias a Internet, sino también las personas se han convertido en sujetos potenciales de información y opinión. Más allá de los medios está la voz de quienes siguieron los foros en los periódicos y en sus propios sitios alternativos. La red fue espacio de comunicación y debate ciudadano como nunca antes respecto de un conflicto mundial.6
  • La ruta del siglo XXI para la comunicación muestra una ruta clara: ya no se trata de la expansión de los medios y la libertad de acción de los mismos, lo cual es muy positivo. Se trata también de las múltiples acciones comunicacionales que los ciudadanos – desde sus diversas inquietudes – pondrán en marcha.7 Es allí, en esa comunicación directa, donde se están gestando las nuevas preguntas sobre comunicación y democracia en el mundo y en este continente.
  • Notas
  • 1. Many Voices, One World, UNESCO-Kogan Page, Londres, 1980. El Informe fue publicado en más de 20 lenguas y es un libro clave para entender la reformulación del debate sobre la comunicación que produjo el debate en la UNESCO. En español fue publicado como Un Mundo, múltiples voces, Fondo de Cultura Económica, México, 1981.
  • 2. TELOS,Nª 14, Madrid. Esta ha sido una revista esencial para entender los nuevos fenómenos de la comunicación durante la década de los 80 y 90 y su marcha hacia la globalización.
  • 3. ‘Vivir en la sociedad de la Información’, Raúl Trejos, Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación, Nª 1, Diciembre 2001, Madrid, OEI. También autor de La Nueva Alfombra Mágica, Premio FUNDESCO de Ensayo, Madrid.
  • 4. Time, 24 de abril, NY, USA.
  • 5. International Herald Tribune, 28 de junio 2000, Editado en Paris, publicación global.
  • 6. Fernando Reyes Matta, Estudios Internacionales N° 136, Universidad de Chile,
  • Dic. 2001,Santiago de Chile.
  • 7. Un libro clave, de reciente publicación, sobre los nuevos escenarios es Global Communication: Theories, Stakeholders, and Trends, Thomas L. McPhail, University of Missouri, Publ. Allyn & Bacon, 2002, USA.
  • Fernando Reyes Matta es Profesor de Periodismo Internacional, Escuela de Periodismo, Universidad de Chile. Ponencia al Congreso de ALAIC, Santa Cruz, Bolivia, junio 2002.



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